El comentario de hoy, jueves 8 de diciembre, 2022:
El sábado 26 de noviembre, se dio un hecho en sí mismo deleznable: un presunto líder del transporte concesionado fue ejecutado en la agencia municipal de San Juan Chapultepec. Como efecto colateral las balas criminales segaron la vida de dos mujeres, incluyendo una menor de 14 años de edad. Lo último generó una justificada indignación social, pues tal parece que segar vidas inocentes se ha convertido en motor de impunidad. De estos hechos, serán las autoridades las que descubran móviles y responsables.
Sin embargo y eso hay que decirlo, los sindicatos del transporte en Oaxaca y sus disputas por concesiones u obras, han dejado en los últimos años un directorio numeroso de hechos criminales. Es contrario a todo principio de derecho que los dirigentes se paseen por la ciudad o el estado, en vehículos blindados y con aparatosas escoltas armadas. ¿Quién les ha otorgado esos privilegios? Pues el gobierno, que en el pasado reciente aplicó a los mismos la máxima de Juárez: “a los amigos justicia y gracia; a los enemigos, la ley a secas”.
De los existentes ya sean coaligados con otros o solos, nadie se salva. Sindicatos mafiosos les llamó el presidente López Obrador. Los hechos ocurridos recientemente, así como los crímenes del pasado, deben llevar al nuevo gobierno a sentar precedentes de autoridad. Ni compadrazgos ni amenazas deben privilegiarse. Antes de que pongan en riesgo la gobernabilidad y la paz social, debe prevalecer la aplicación estricta de la ley.
Sindicatos y confederaciones no deben regirse por un estatuto aparte. En este país, al menos en teoría, nadie está por encima ni más allá de lo que marca la ley. Lo que hace falta para detener este añejo baño de sangre es el manotazo sobre la mesa. Lo mismo en quienes detentan las concesiones del transporte público, cuya propiedad la tiene el Estado quien sólo las otorga en usufructo. Cualquier acción en contra de sus dirigentes y de inmediato ahorcan la ciudad con bloqueos.
Esperemos pues que el gobernador recientemente ungido como tal, tenga la entereza suficiente para meter orden, más allá de ofrecimientos de alianzas y beneficios que, seguramente ya le han ofertado. Sindicatos y confederaciones sin distinción; dirigentes y cabilderos de los mismos, deben ser medidos por la misma vara y tasados por el mismo rasero. Solaparlos conlleva el riesgo que ya hemos padecido: que se asuman en poderes fácticos que devienen pronto amenazas a la sociedad, a las libertades y al desarrollo. Pero, sobre todo, entes intocables que lo mismo amenazan que asesinan impunemente. (JPA)

